¿Prioridades invertidas? 
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A veces no nos duele pagar $80 o $100 pesos por un café que nos dura 20 minutos, pero nos quejamos cuando llega el recibo del agua, el recurso que nos mantiene vivos, limpios y sanos.
El café es un gusto, pero el agua es un derecho y una responsabilidad. Pagar por el servicio de agua no es solo cubrir un “recibo”, es garantizar que el sistema siga funcionando para que, al abrir la llave, la magia ocurra.
Sin agua no hay café, ni comida, ni vida. ¡Cuidemos lo que realmente importa!




